La Gran evasión de la II Guerra Mundial

Por. Gerard Sánchez

images-1Unos dedos hurgan en la tierra, ansiosos, cansados, sucios, pero llenos de esperanza. Al otro lado espera la libertad. No la propia tierra, esa tal vez tarde mucho todavía en verla, si es que llega a pisarla de nuevo, pero sí una bocanada de aire fresco, de rebeldía, de lucha. Detrás de él, en el famoso túnel Harry, o en los barracones, esperan hasta 150 presos del campo para oficiales aviadores Stalag Luft III de Zagan (Polonia).

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Maqueta del Stalag Luft III de Sagan (Alemania)

La Gran Evasión está apunto de empezar. Los meses y meses de trabajo, de excavación, de dispersión de tierra de las formas más inhóspitas, de falsificación de documentos, arreglos de trajes, recopilación sobre rutas de escape, y, como no, aprendizaje de idiomas, han llegado a su fin. Pero arriba, una vez fuera, muchas incógnitas y peligros les aguardan. Pocos llegarán a su destino, muchos morirán en el camino por una orden expresa de Hitler que quiso dar así un castigo ejemplar a los incansables presos militares aliados que nunca cesaban en sus planes de fuga.

imagesConcretamente, 50 de los 76 presos que finalmente lograron salir del túnel en la madrugada del 24 al 25 de marzo de 1944 serían asesinados a sangre fría, la mayoría por la espalda cuando se les instaba a dar un paseo (como se muestra en la película La Gran Evasión). Tan solo tres de ellos —como efectivamente aparece también en el filme— conseguirían volver a su país sin ser capturados previamente por los nazis.

Se trataba del holandés Bob Van der Stok, que tras un peligroso periplo cruzó la frontera hacia España ayudado por la resistencia, concretamente por los maquis franceses: «Al otro lado del collado está España, a partir de ahí tendrán que seguir por su cuenta» les dijo su guía a él, a un canadiense, un estadounidense y 13 judíos alemanes que le acompañaban. Stok, por sorprendente que parezca, no solo llegó a Gran Bretaña a través de Gibraltar sino que «en dos meses ya estaba liderando el Escuadrón 322 (holandés) de aviones Spitfire en misiones sobre Holanda» (cita del libro La Gran Evasión de Tim Carrol). Esta y otras peripecias las contaría luego en su libro War pilot Orange, Montana, Pictorial Histories, 1987.

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Portada del Libro de Carroll

Los otros dos cuya fuga resultó totalmente exitosa fueron dos noruegos que dominaban perfectamente el alemán. Per Bergsland y Jens Muller también se valieron, a veces con más fortuna y otras con menos, de la resistencia, para cumplir con su propósito, en su caso, alcanzar Suecia y de ahí volver a casa. Ambos, como muestra también el citado filme del director John Sturges.

Pero lo que todavía es menos conocido es qué fue de los 23 hombres que, aún capturados, no fueron asesinados. La policía militar nazi tuvo la difícil tarea de elaborar la lista de 50 hombres que, siguiendo las órdenes del Führer debían morir. Al parecer, se intentó librar en la medida de lo posible a aquellos que tuvieran mujeres e hijos. Un cínico gesto de humanidad de un régimen que, al mismo tiempo, masacraba a millones de judíos, discapacitados, homosexuales y gentes de diversas etnias, ideologías y nacionalidades, entre ellos no pocos españoles, en los diversos campos de concentración y exterminio que se extendían por toda la Europa ocupada.

Uniforme de los prisioneros

Uniforme de los prisioneros

Precisamente, en uno de estos campos, en Sachsenhausen, fueron recluidos cinco de los hombres más importantes de la Organización X (nombre que se daba al comité de fugas). Jimmy James, Jack Churchill, Wings Day, Sydney Dowse y Johnny Dodge (familiar lejano del presidente Winston Churchill) presenciaron el horror nazi a las puertas de Berlín. Como tantos otros, parecía que la única forma de salir de allí era por los hornos del crematorio.

Hasta el comandante del campo les llegó a decir que de allí era «imposible escapar». Craso error, una vez más, su astucia y su determinación de causar los mayores quebraderos de cabeza a los nazis en la retaguardia les llevó a excavar un túnel más largo aún que Harry, y también mucho más rudimentario, pero que les dejó libres, al menos durante un tiempo, el 23 de septiembre de 1944. Sería su último intento de fuga porque al año siguiente, con los rusos asediando Berlín, serían trasladados hacia el sur donde finalmente los estadounidenses los rescataron al conquistar un pequeño pueblo al pie de los Dolomitas.

Jimy James, autor del libro Moonless night, sobre la fuga

Jimy James, autor del libro Moonless night, sobre la fuga

Casi en las mismas fechas, concretamente el 2 de mayo de 1945, es decir cinco días antes de la capitulación de alemania, los fugados que habían sido devueltos a Sagan, así como el resto de presos que aún quedaban, fueron rescatados por la 11ª División Acorazada inglesa en unas granjas cerca de Lubeck, donde los nazis pretendían recluirlos una vez evacuado también el campo de Sagan. Todavía llegaron a tiempo para presenciar con los suyos el fin de aquella macabra guerra que habían vivido primero desde el cielo y luego desde la oscuridad de su túnel hacia la libertad.

Así acabó una de las historias más apasionantes de la II Guerra Mundial. Un reflejo de la determinación, el coraje y el espíritu de lucha incansable de aquellos hombres. Y también, un ejemplo de que hasta en la guerra hay diferencias de clases y de trato porque, no hay que olvidarlo, si aquellos hombres pudieron escapar y organizar un plan de aquel calibre fue porque eran tratados casi como iguales por los soldados alemanes. Se respetó, casi siempre, el convenio de Ginebra con ellos, se les concedieron actividades recreativas, teatro, material para plantar hortalizas… algunos de ellos, por increíble que parezca, hasta fueron a esquiar con sus captores durante los primeros meses de una guerra que en sus inicios se creía que era algo pasajero… No fue así, la guerra fue la peor lucha entre seres humanos de la historia no solo en los frentes de batalla, sino precisamente en campos de concentración y exterminio donde a sus presos no se les consideraba humanos. Pero eso, muchos de los cautivos en Sagan no lo sabrían hasta después de la guerra, como pasó con tantos y tantos ciudadanos, incluso alemanes.

Memorial a los fugados con dos de ellos presentes

Memorial a los fugados con dos de ellos presentes

Ahora, 70 años después de aquella histórica fuga y 69 después del fin de la II Guerra Mundial, es muy importante que recordemos lo ocurrido para no caer en los mismos errores.

 Lista completa de los fugados

http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_Allied_airmen_from_the_Great_Escape

Acerca de Tania©H

Comunicadora.
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